Secado sereno y ahumado con maderas del valle
La madera de haya o abeto, encendida con prudencia, aporta perfumes delicados que no encubren la carne. El ahumado es discontinuo, alternando descanso y humo fino. El secado aprovecha corrientes frías, evitando sol directo. Al tacto, se busca firmeza elástica; al olfato, dulzor limpio, sin notas agresivas. Un paño de lino protege de insectos, y el volteo regular uniforma el color, construyendo una corteza noble que no requiere barnices sintéticos.